Libros de Sangre [Volúmenes I, II y III]

Llevaba años con un ojo puesto en los cuentos de Clive Barker, mientras con el otro miraba hacia otro lado. Tal vez porque suelo recelar por sistema de aquello que todo el mundo encumbra como canónico, en esa suerte de contagio fan que puede llegar a reemplazar al propio valor de la obra.

De Barker conocía algunas adaptaciones de sus relatos al cine y los tres films en los que llegó a intervenir como director: Hellraiser, Razas de noche y El señor de las ilusiones, lo suficiente para reconocerle varias virtudes. Era consciente de que su talento, junto al de David Cronenberg, había modelado gran parte del ars horror de finales del siglo XX, pero la cuenta seguía estando pendiente.

Han tenido que ser los dos recientes tomos recopilatorios de los Libros de Sangre publicados por Valdemar los que me pusieran en mi sitio. Hoy quiero compartir mis sentimientos relativos al primer tomo, que recopila los volúmenes originales I, II y III publicados por Clive Barker a partir de 1984.

Los Libros de Sangre recopilan una serie de cuentos de terror en los que el autor se volcó tras coquetear intensamente con el mundo audiovisual, con más energía que acierto, y donde ciertas inquietudes que ya habían comenzado a desperezarse en obras anteriores acabaron por eclosionar: el dolor y la profanación de la carne como mecanismo de trascendencia, las artes oscuras como código mediador, y la violencia y el sexo más viscerales como vectores. Todo ello desde un prisma aparentemente amoral, pero cargado de intenciones. Barker nos lleva en estos cuentos de la mano de personajes cuyas acciones son cuestionables, cuando no directamente execrables, que se acaban enfrentando a cosas aún peores. Sus historias adquieren una fascinante fractalidad donde el pecado original se expande y se desdobla en configuraciones espantosas para las cuales la mente humana tal vez no está preparada.

Admito que, a día de hoy, mi última frase puede sonar retórica, acostumbrados como estamos a las macabras maravillas que nos brindan los efectos especiales, y al tono grave y violento de muchas producciones para cine o televisión que ya son parte de la cultura popular, pero solo hay que hacer el esfuerzo de situarnos unos treinta años atrás para comprender el impacto que pudo tener un cuento como El blues de la sangre de cerdo o En las colinas, ciudades, para entender que sin estos Libros de Sangre, las cosas no hubieran sido exactamente iguales. Y es que Barker actuó más como auténtico renovador que como un revolucionario. Es innegable que varias de las estructuras, escenarios y personajes de sus relatos son genuinamente originales, pero veo mucho más acertada su capacidad de conjunción de elementos clásicos del horror con nuevos conceptos transgresores, en un corpus que, pese a lo epatante, sigue siendo comprensible, aun por los menos iniciados. ¿O acaso no existían ya relatos sobre espantosos túneles de metro, dolorosos orfanatos, viejos cines y salas de autopsias? Por supuesto, pero debo admitir que fue Barker quien supo unirlos a ciertos elementos contemporáneos, configurando parte del discurso estético del horror actual.

Más allá de esa capa conceptual de ideas he visto en Barker a un buen narrador, a un escritor que sabía muy bien lo que se hacía y que, al menos en mí, ha logrado un curioso efecto. En casi cada uno de los dieciséis relatos que componen este primer recopilatorio de Valdemar me he sentido aturdido en las primeras páginas, con la sensación de que se me estaba vendiendo algo demasiado inverosímil u obtuso, para luego, casi sin poder señalar cómo ha podido suceder, me he encontrado atrapado por los acontecimientos y arrastrado hacia sus casi siempre terribles consecuencias. Y digo casi porque sí que he podido detectar algunos de los recursos de Barker para conseguirlo: su acierto en la elección del punto de vista de la narración y su capacidad para cambiarlo cuando menos te lo esperas, para ofrecerte otra cara del oscuro prisma del relato. O su magistral control de la dosificación de la información, donde al principio intuimos más que entendemos, hasta que la ambigüedad da paso a la pesadilla más corpórea, como ancla y confirmación. Por no hablar de su capacidad para dotar a sus personajes, incluso a los más infectos, de sutiles cualidades que hacen que nos sintamos impelidos a entender sus acciones más atroces.

Así que, qué le vamos a hacer, debo sumarme a la legión de lectores y espectadores que valoran a Clive Barker como uno de los autores clave de nuestra historia reciente. Por mi parte, no voy a dejar pasar más que el tiempo suficiente entre la lectura de este primer tomo y el siguiente, que incluye los definitivos volúmenes IV, V y VI de los Libros de Sangre.

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