The vanishing of Ethan Carter

El pequeño pero poderoso equipo polaco de desarrollo que se esconde tras The Astronauts nos brindaba en 2014 una de esas pequeñas-grandes joyas del videojuego llamada The vanishing of Ethan Carter. No ha sido hasta estas fechas navideñas de 2015 que, tentado por un descuento, he podido disfrutarlo. Y las impresiones han sido más que buenas.

Para empezar, debo decir que lo único que sabía del juego era lo que se dejaba entrever en el trailer de PlayStation Store: un juego que prometía buena atmósfera, un argumento de misterio relacionado con algunos asesinatos, y ciertas interacciones con entidades fantasmales. Desde luego, todo eso aparece en el juego, pero un resumen tan parco hace poca justicia a sus cualidades. Intentaré exponerlas, tal como las he descubierto, y tratando de evitar cualquier spoiler sobre la trama.

En un bosque alpino, donde la belleza cortaba la respiración

De inicio, lo que más me impresionó fue el apartado gráfico. No tanto la calidad del grafismo, que es enorme, si no su arrebatadora belleza visual, la sensibilidad en la recreación de un paraje natural frondoso, teñido por la melancólica luz del atardecer. Un detalle, esto del atardecer, que no resulta para nada fortuito ya que, a todas luces (nunca mejor dicho), The vanishing of Ethan Carter sería un juego muy distinto si transcurriera durante la noche. No, el ambiente vespertino resulta perfecto; ese momento en el que la tarde cae sobre el valle, haciendo danzar las sombras y creando juegos de luz entre el follaje, generando atmósferas pseudo-oníricas y predisponiéndonos a conectar con los elementos sutiles que propone el juego. Poco importa que, aunque juguemos bastantes horas, la noche no acabe de presentarse. Todo parece mecido por la languidez de un instante suspendido en el tiempo. Y la gran noticia es que este cautivador escenario es vasto y recóndito y paseamos por él si ningún tipo de transiciones de carga, en un enorme “plano secuencia” digno de los grandes juegos de rol triple A.

Esa extraña melodía en mi cabeza

El segundo factor que me enamoró fue la música. ¿En que piensas, por ejemplo, cuando recuerdas Twin Peaks? Ese divagar de tu mente entre paisajes brumosos, mientras ciertas notas inquietantes, a la par de cargadas de cierta tristeza, es el que se apodera de los sentidos… Eso sucede aquí también. El acierto de Mikolai Stroinski, compositor de la banda sonora, es absoluto, hasta el punto de apoderarse de buena parte del mérito del impacto emocional del juego. La OST, por cierto, está disponible en Spotify y resulta recomendable como fondo para seguir leyendo este post 😉

En la piel de Paul Prospero

El argumento nos pone en la piel de un investigador que accede a un valle boscoso y comparte apenas unas palabras que, más que situarnos, nos plantea los primeros misterios. Mientras nos hacemos con el control y damos los primeros pasos por el agreste escenario, descubrimos que la cosa se trata de ir descubriendo ciertos detalles en el entorno, irlos recopilando y, cuando disponemos de suficiente información, poder acceder a ciertas revelaciones. En este punto, nos encontramos con el clásico planteamiento de exploración y búsqueda para obtener deducciones que hacen avanzar la trama, pero resuelto en base a ciertas ideas novedosas que supondrán un soplo de aire fresco para cualquier aficionado a las aventuras gráficas. Por ejemplo, me ha parecido brillante que se hagan visibles, a modo de textos animados, las propias preguntas e hipótesis del protagonista, y que, según su comportamiento en pantalla, nos faciliten información adicional. No deja de ser lo mismo que otros juegos resuelven mediante brillos o animaciones sobre ciertos objetos el escenario, pero esta pequeña diferencia aporta una personalidad muy característica a The vanishing of Ethan Carter.

Cada cierto tiempo nos encontramos con algunos puzzles algo más complejos, que aportan variedad y que han sido resueltos en base al mismo planteamiento: son los puzzles que ya hemos visto en este tipo de videojuegos, pero vestidos con un estilo de interacción más narrativo, en un esfuerzo por que formen parte natural de la escena. Bueno, natural hasta cierto punto… ya que el argumento nos reserva un trasfondo sobrenatural que justificará ciertas sorpresas, como distorsiones en el espacio tiempo.

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Resulta diferencial, también, el hecho de que el juego no nos ofrezca ningún tipo de sistema de inventario, ni acceso a mapa, ni a notas… nada de nada, a parte de la experiencia en pantalla, en un continuum que contribuye a la inmersión y que me ha parecido especialmente valiente, aunque se cobre algún que otro precio a nivel de gaming.

Sin temor a que resulte un spoiler, porque se intuye desde el principio, entendemos que nuestra misión en encontrar a un niño, un chaval con mucha imaginación que parece metido en enormes problemas, y al que vamos conociendo y siguiendo el rastro gracias a las notas que descubrimos en ciertos lugares. No es el único personaje al que conoceremos, aunque sí el elemento central de una trama que, sin resultar sorprendente en extremo, sí está bien resuelta y nos reserva momentos memorables y un final digno de una buena película de terror dramático.

Otro detalle remarcable: el juego nos permite una resolución no-lineal del argumento, de manera que podemos ir afrontando los diferentes retos y partes del puzzle, según nuestras apetencias. En función de nuestros impulsos de exploración, daremos primero con unas localizaciones u otras, pero al final iremos juntando las piezas de la misma historia.

Lo mejor y lo peor

Como he apuntado hasta ahora, The vanishing of Ethan Carter destaca por su excelente y personal atmósfera, por introducir ciertas variantes interesantes en la manera de resolver los puzzles clásicos de una aventura gráfica y por un argumento más que correcto, más brillante en su forma que en su fondo. Y también por su apuesta minimalista a la hora de prescindir de todo elemento de interficie que pueda “ensuciar” la experiencia narrativa.

Por otro lado, ese punto hipernarrativo hace que la experiencia de juego a veces pueda resultar confusa, y que nos veamos obligados a recorrer varias veces los escenarios, de acá para allá, intentando resolver las partes del argumento.

También hay que decir que resulta corto, algo que en función del precio que hayas pagado por él (en mi caso fueron unos 11 €, pero estaba muy rebajado) podría resultar algo frustrante. De todos modos, a mi juicio, la calidad del conjunto compensa con creces la inversión.

El punto donde soy más crítico, aunque admito que ya es algo muy personal, es en el trasfondo del argumento. Durante buena parte del juego creí estar sumergido en una historia algo más compleja y diferente de lo que me he acabado encontrando. Lo bueno se hubiera convertido en excepcional si los guionistas se hubieran atrevido a llevarnos a territorios menos manidos.

Dicho todo lo anterior, The vanishing of Ethan Carter me parece un juego muy destacable y que recomiendo sin dudar a todo aquel que disfrute con las aventuras gráficas, los juegos de exploración y de terror, aunque dejando claro que apenas encontraremos acción, ya la experiencia se concentra en la exploración pausada. Si te gustan los juegos tipo Amnesia, Coma o las referencias de Tale of Tales, disfrutarás con esta propuesta de The Astronauts.

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