La Visita de Shyamalan y la Regresión de Amenabar

La idea era simple: realizar una sesión doble de cine de terror, aprovechando que este octubre han coincidido varios estrenos suculentos dentro del género. Las dos películas seleccionadas fueron Regresión, de Alejandro Amenábar y La Visita de M. Night Shyamalan, una auténtica lucha de titanes entre reconocidos maestros del terror que prometían un regreso a sus raíces, tras una decepcionante etapa entregados a otras fórmulas que no acabaron de funcionar, ni en taquilla ni en la estima de los espectadores.

Empezamos con Regresión, de Alejandro Amenzabar. Debo decir que me sentaba en la butaca con la virginal satisfacción de haber esquivado cualquier contacto con reseñas y opiniones sobre el film. Por no saber, ni conocía la sinopsis ni la temática tratada. Me bastaba con saber que Amenábar volvía a enfundarse el traje de narrador de historias inquietantes. Mantengo una relación intensa con el cine más temprano de Amenábar, por motivos muy personales, así que la expectación era grande; como lo fue la decepción. A pocas horas de haber visto la película, aun me estoy preguntando qué sentido tiene que un director de tal proyección y con ese catálogo de films en su currículum, nos haya brindado un thriller al uso, tirando a torpe y, lo peor de todo, insípido y carente de cualquier tipo de originalidad. Son palabras duras que no diría si realmente encontrase argumentos a los que asirme para defender el trabajo de Amenábar. Tal fue mi sensación de incredulidad ante lo que estaba viendo que pensé que la tediosa primera parte del film solo podía ser un truco, una estratagema para introducir un elemento perverso, disociador o rompedor en la segunda parte; pero la película avanzaba y avanzaba y la cosa no solo seguía igual, sino que empeoraba. Si lo que pretendía Amenábar era aportar una vuelta de tuerca sobre un tema ya (muy) tratado en otras películas, mi sensación es que se le rompió la llave inglesa y la tuerca no se ha movido de su sitio.

¿De qué va Regresión? Nos encontramos ante la historia de un policía antipático del que apenas se nos dan detalles de su vida personal, que se involucra de forma intensa en un caso sobre supuestos rituales satánicos. Varias denuncias por parte de una jovencita que ha huido de una familia desestructurada ponen en jaque al departamento de policía local. La muchacha asegura haber sido víctima de vejaciones rituales de carácter sexual, entre otras perversidades. Las repercusiones de sus declaraciones, así como la tensión creciente generada por los medios de comunicación, instauran un clima de paranoia en el que se cuece una investigación donde todo parecen ser rumores y cuesta mucho encontrar pistas reales.

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Sí, es cierto que en Regresión se intuye un discurso algo más crítico que en el típico film de policías persiguiendo asesinos rituales, pero eso no contribuye al interés; bien al contrario, como espectador me sentí algo enojado ante las frases finales, cargadas de pretenciosidad y moralina sobre la facilidad de la población para la histeria colectiva, la inutilidad de la regresión hipnótica y la mentira de las sectas satánicas. No es que tenga un interés especial en creer en esas cosas, pero me parece que la habitual “trampa” o factor sorpresa que ha querido usar Amenábar en este film es precisamente hacernos creer que nos daríamos una vuelta por la oscura realidad de las sectas satánicas, para acabar brindándonos un juego de espejos donde uno puede llegar a sentirse tan tonto como los tontos personajes del film. Pero, lástima, el juego de espejos no resulta efectivo en este caso y todo se traduce (al menos en mi caso) en una sensación de pérdida de tiempo, como ese paseo que das por un sitio que ya conoces, esperando que pase algo interesante que no llega a ocurrir.

Incluso sabiendo que el guión alude y se enmarca en una época y lugares muy concretos, donde es probable que las cosas fueran como se comentan, hay algo que no me encaja y que no creo que dependa del ethos del discurso, sino de su forma. Si la historia no llega a inquietarme ni a resultarme verosímil en su ficción, no puedo llegar a creerme que toda una región de los EEUU pudiera caer en una trampa tan sencilla y psicológica. Ya digo que ahora no hablo de los sucesos (supuestamente) reales en los que Regresión se enmarca, sino en la capacidad del propio film para apoderarse de ellos y lanzar su mensaje. Es una película floja, sin más, donde una buena realización no logra soportar un guión monocorde. Una peli que sería correcta como debut de un joven director estadounidense con aspiraciones a encajar en la maquinaria de Hollywood, pero muy decepcionante si viene de la mano de un autor al que vas a ver por su capacidad de sorprender. Solo se me aceleró el corazón durante el momento en el que aparece un detalle de la ilustración de portada de Aquelarre, uno de mis juegos de rol favoritos. Y es que, para quien no lo sepa, Amenábar es rolero, como lo son otros amigotes suyos, grandes del cine, como Álex de la Iglesia.

Por suerte, no hubo mucho tiempo para lamentaciones entre el film de Amenábar y el siguiente, La Visita, del también retornado al género, M. Night Shyamalan, un narrador al que también admiro profundamente y del que me había desconectado por decisión propia desde The Happening, un film que me gustó mucho dentro de sus rarezas. En este caso, sí había podido leer alguna reseña y sabía que se estaba recibiendo con cierto interés y algunas reservas importantes. De entre estas reservas, me preocupaba el hecho de que el film estuviera rodado al estilo found footage, aspecto en el que sin duda influye la alianza entre Shyamalan y Jason Blum, artífice de sagas como Paranormal Activity, Insidiuos o Sinister, entre otras lindezas del cine de terror contemporáneo más oportunista y rentable. También me habían llegado opiniones sobre el tono, no excesivamente serio del film, que algunos espectadores tildaban casi de humorístico. Por suerte, esos aspectos, que debo decir que están presentes, no resultan determinantes para valorar el interés general del film, que en mi opinión es alto. Son recursos tonales que pueden sumar o restar según las preferencias personales, pero que solo son parte del todo.

La Visita trata sobre el viaje que realizan dos hermanos, la preadolescente Becca y su hermano menor, Tayler, para ver por primera vez a sus abuelos maternos y pasar con ellos una semana. La situación parte de un punto delicado, ya que la madre de Becca y Tayler se marchó de casa 15 años atrás, de malas maneras, rompiendo la unidad familiar y generando un trauma que aun hoy no se ha solucionado. Animada por el interés que los abuelos tienen en conocer a sus nietos, la madre les deja ir. A su vez, tanto Becca como Tayler arrastran sus propios traumas, debidos al abandono por parte de su padre, años atrás. En este marco se desarrolla la historia, en la que acompañamos a los dos jóvenes durante su estancia en casa de sus abuelos, unos completos desconocidos con los que comparten lazos de sangre.

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El argumento para poder presentar la historia como un falso documental es la voluntad de Becca, la jovencita, por realizar un reportaje de este reencuentro. Como chica lista que es, ve la oportunidad de que su obra sirva, no solo como trabajo para la escuela, sino como elemento de reconciliación entre su madre y sus abuelos. Por tanto, se preocupa muy mucho de grabar todos los detalles e ir generando un contexto documental. Admito que, metido como estaba en la narrativa, en ningún momento me pareció poco apropiado ni forzado el uso de la cámara subjetiva, aunque, una vez salí del cine y me puse a pensar en ciertas escenas, es cierto que podría señalar algunas partes donde resulta poco creíble que alguien mantuviera la cámara en marcha, aunque sea dejándola en el suelo. Pero el ritmo es tan bueno y los sucesos tan interesantes que no me costó nada suspender la incredulidad y dejarme llevar, sin pensar en esos detalles.

Más allá de ese recurso formal, nos encontramos con un guión muy interesante, cargado de buenas ideas que saben combinar cierta sustancia arquetípica de los cuentos (marca de la casa), con elementos más contemporáneos y, sin lugar dudas, transgresores. Es una película valiente que, sin abandonar ciertas facilidades que mantendrán al gran público enganchado, nos obsequia alguna que otra sorpresa malsana para los que buscamos ese algo más. Shyamalan vuelve a ofrecernos su consabida sorpresa final, pero esta vez, sin llegar a decir que está de más, se muestra como un elemento adicional de la trama. Es determinante a nivel de la acción, y para elevar algo más, si cabe, la punta de pánico en la fase final, pero lo más inquietante de la película pasa antes de dicha revelación. La grandeza de La Visita radica en esa combinación del arquetipo y la transgresión del mismo, en la dualidad entre la seguridad familiar y el terror ante lo desconocido, que en este film no deja de oscilar, como un péndulo que no sabes exactamente cuando va a cercenar la cordura.

El otro punto destacable del film es el reparto: todos los actores están muy correctos y en su sitio, bien dirigidos, pero destaca con luz propia la veterana Deanna Dunagan, en el papel de la abuela. Su capacidad para deslizarse desde la dulzura a la agresividad más extrema, pasando por varios niveles de conductas irracionales, nos habla de una actriz entregada y que realmente captó la esencia de su personaje. También auguro un futuro brillante para la joven Olivia DeJonge, a la que se rifarán por su poco habitual equilibrio entre belleza y talento dramático.

Volviendo a Shyamalan, mi opinión es que ha vuelto a marcar territorio. La Visita es un buen film de terror, que explora y aporta aire fresco, y que pone de relieve la gran personalidad y talento de su director. También es una película de sustos, muy entretenida y con suficiente ritmo para que guste a un público amplio (que tolere mínimamente un punto escabroso). No es un film tan redondo como las seminales El Protegido o el Sexto Sentido, pero sin duda está a la altura de El Bosque y Señales y supera con creces (por intensidad) a La Joven del Agua y The Happening.

Sobran pues las comparaciones, porque son films incomparables. Amenábar se pierde en su regresión al género, mientras que Shyamalan sigue aportando madera.

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