Lobas de Tesalia, lo último de Pilar Pedraza

La última obra de Pilar Pedraza, publicada en mayo de 2015, ha sido una de mis lecturas de verano; la más satisfactoria con diferencia. Mi acercamiento a la autora, tan impulsivo como desordenado, me impide establecer con demasiado criterio la relación que mantiene esta última obra con el resto de su producción literaria. No obstante, intentaré hacerlo, pues considero esencial en una autora como Pedraza el contribuir a hacer visible ese hilo estilístico y ese universo tan propio que la convierten en autora de culto.

Lobas de Tesalia es una novela algo más extensa de lo habitual en la autora, de casi 350 páginas en su primera edición de Valdemar (Colección El Club Diógenes), lo cual quiere decir pequeño formato y tamaño generoso de letra. Puede que esa composición ligera haya contribuido a mi sensación de estar leyendo una novela corta, pero eso sería atribuir al continente ciertas cualidades que, en honor a la verdad, responden al contenido: puede que sea una de las obras de Pedraza en las que he percibido un ritmo narrativo más óptimo. No es que nos encontremos ante una obra donde los sucesos y la acción se desarrollan con rapidez, ni de cadencia trepidante; más bien hablo de cierta cualidad rítmica, posiblemente fruto de la madurez absoluta en el oficio, que Pilar infiere al relato. Hay un brío narrativo que no le impide detenerse en ciertas etapas de la historia, ni ofrecer precisas descripciones cuando desea deleitarnos con detalles, pero todo sucede sobre unos raíles, esta vez armados a lomos del destino y los hados, que tienen un papel clave en la historia. Ese marcado carácter de avance cobra forma de viaje, que esta vez se nos intuye de ida y vuelta, y que Pedraza subraya añadiendo incluso un mapa del trayecto que seguiremos junto a Lupercia, la protagonista, como si de una clásica novela de aventuras se tratara. Podría decirse que lo es, en parte, pero eso sería reducir la obra a un género, y con Pedraza eso no solo es difícil sino que hasta ridículo. Pilar siempre crea obras caleidoscópicas y mestizas, caldos untuosos que suelen echar mano de ingrediente oscuros y ancestrales, pero también de aquellos otros que evocan luminosas maravillas.

¿Un díptico literario?
He comenzado hablando del ritmo de la obra, porque tal vez es lo que más ha llamado mi atención, así como del concepto de viaje de ida y vuelta, algo que como lector ha generado sensaciones muy diferentes en mi, en relación a otras de sus obras, pero existe otro factor especial en esta obra, y es que Lobas de Tesalia podría considerarse una obra hermana de La perra de Alejandría (2009, Valdemar), novela con la que comparte marco histórico helénico, etapa que Pedraza domina a la perfección. También hay un tono y una manera de construir los personajes muy similar, de cargada feminidad, con todas sus letras. El mundo de Pilar resulta matriarcal en todos sus aspectos, sin que se haga manifiesto explícito de ello. Seguimos percibiendo la sociedad masculina alrededor, con sus leyes y sus puestos relevantes, pero en el universo de la autora acaban ensombrecidos por el acento que cobran los sucesos que afectan a las protagonistas. Y eso es algo que se percibe especialmente bien en este díptico de novelas, protagonizadas por mujeres de gran entidad y en cierto modo excéntricas –aunque siempre creíbles– en su marco histórico. Por último, la atmósfera, la densidad dramática y el inquietante coqueteo con la dimensión divina y politeísta de la época se manifiestan en el mismo tono y proporción, contribuyendo a la sensación de estar leyendo otra historia ubicada en el mismo contexto de ficción y bajo las mismas leyes.

Siete partes y un epílogo
Entrando en el argumento, nos encontramos con Lupernia, una farmakeutria (herbolaria) de posición acomodada que ha dedicado su vida a su profesión, consiguiendo el suficiente respeto como para tener una vida independiente, sin la necesidad de estar a la sombra de un marido que la mantenga. A su cargo están Cátula y Demetria, ambas esclavas. La primera joven y rebelde, de pasado traumático, y la segunda mayor y conservadora, amén de excelente cocinera. Esclavas, como digo, pero de una esclavitud realista y documentada, en la que el esclavo jugaba un papel social más relevante y consentido del que ciertas historias más populares nos han transmitido sobre la época.

Resulta que una de las amigas de Lupernia, la protagonista, sufre una serie de fatalidades que la llevan a la tumba, pero que no se detienen tras su muerte. Durante el propio sepelio suceden una serie de problemas que condenan a un calvario post-mortem a la fallecida y que, de un modo especial, vinculan ese turbio destino con el de Lupernia, que se verá obligada a ayudar al espectro de su amiga a recuperar la paz. La novela trata en realidad del viaje que Lupernia, acompañada por Cátula, un joven y curioso etrusco, un esclavo que había servido como gladiador y una misteriosa remediera de piel morena, realizan desde Roma hacia las tierras de Tesalia, atravesando el mar y adentrándose en desconocidas tierras en busca de una bruja, que parece ser la responsable de los tormentos de la difunta. Durante el viaje se disfruta enormemente de la relación entre los miembros de tan pintoresca comunidad, mientras vamos descubriendo los secretos y razones que se esconden tras el misterio que azota a la amiga de Lupernia. Como suele ser habitual en Pedraza, uno nunca está preparado del todo para ciertas sorpresas y revelaciones, que desbibujan las fronteras entre lo imaginado y lo real, con esa elegancia marca de la casa. La intercesión de los dioses y las manifestaciones de brujería, que tan bien domina la autora, arrebatan cada vez que aparecen y dotan al relato de ese tono tan especial y único que solo ella logra transmitir.

La primera edición
La edición, como todas las de Valdemar en su colección El Club Diógenes, es impecable: tapa dura, guardas granates, buen cosido y papel de color marfil de excelente textura y gramaje. Además, nos encontramos con algunos añadidos especiales, en forma del mapa que antes comentaba e ilustraciones al principio de cada parte. Estas ilustraciones son inquietantes, realizadas a modo de collages y manipulaciones de figuras escultórica clásicas, iconos animales y grabados. Me ha sorprendido gratamente ver una manifestación visual del universo de Pedraza, más allá del que suele manifestarse en las portadas. Creo que aporta un valor especial y complementario.

Concluyendo
Mi opinión general sobre la obra, habiendo leído ya una parte importante de su bibliografía, es la de encontrarme ante una de sus mejores novelas, donde destacan especialmente los personajes, excelentemente construidos, a modo de peculiar compañía de aventuras. Por otro lado, es tan coherente en tono y en la expresión formal del universo y su relación con el sustrato divino (palpable y real en estas obras) que no puedo evitar pensar en formar ese díptico con La Perra de Alejandría, aunque debo admitir que este me ha gustado mucho más, precisamente por el ritmo más brioso y natural, además de una trama donde me resulta más fácil empatizar y acompañar los objetivos de los personajes, especialmente los de Lupernia, que trata de solucionar por todos los medios una mácula que ha tenido la desgracia de heredar. Por otro lado, el equilibrio entre los diferentes elementos que, en general, me fascinan de Pedraza, como son el horror, el dominio histórico, la aventura y el erotismo, se combinan esta vez en una proporción casi áurea. Sí, podría decir que creo que es la novela más equilibradade Pilar Pedraza en todos los sentidos, más redonda, sin aristas. Como la superficie pulida del seno esculpido de Afrodita.

Consultar/comprar la obra en la web de Valdemar. 

lobas_de_tesalia_en_capricho_de_mamiferos_02

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. dAliciapekenIker dice:

    Amante como soy de la mitología clásica pero sin conocer, de momento, otras obras de esta autora, si puedo señalar que resulta apasionante adentrarse en la novela y sentir como si fueras uno más de los personajes que aparecen en su interior.
    Son tal cantidad de datos, expresiones y conocimientos de la cultura clásica grecolatina, que reconozco que en alguna ocasión me perdía o aplaudía (como conocer el nombre de la deidad de los estofados de ternera).
    Ya tengo en mis manos la Perra de Alejandría, a la espera de un nuevo descubrimiento 🙂

  2. mclatorre dice:

    Pues me has despertado las ganas de leerla. Tiene muchos elementos que me gustan. La añadiré a la lista. 🙂

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