3 nuevas películas sobre invasores de cuerpos que nos están diciendo algo

Ayer fui a ver, por fin, It Follows, el nuevo film de David Robert Mitchell. Tras la película, y mientras hablaba con un buen amigo sobre los detalles que más nos habían llamado la atención, comencé a darme cuenta que las últimas tres películas de terror que me han impactado de manera especial tienen un punto común muy evidente: todas tratan de personas cuyos cuerpos son invadidos por algo tan terrible como antinatural. Hablo de Honeymoon, Under the Skin y la susodicha It Follows. Me cuesta creer en la suma de tantas casualidades.

Honeymoon (Leigh Janiak, 2014) es la historia de una pareja de recién casados que deciden pasar su luna de miel en una casa junto a un lago, situada en una zona agreste y boscosa, alejada de la civilización. Asistimos a una degradación paulatina del ambiente idílico de pareja que se vive durante esos primeros días. Ella comienza a comportarse de manera cada vez más extraña, con episodios que van del aturdimiento al sonambulismo, la pérdida de memoria inmediata y las actitudes excéntricas. El director plantea una situación de gran contraste, creando elementos de paranoia y desconfianza entre la pareja, justo en el momento de sus vidas donde, se supone, más unida debería estar. Todo apunta a que algo que estaba en el bosque se ha adueñado de ella, transformándola, poco a poco, en un ser diferente, incómodo y cada vez más peligroso. En Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013) el planteamiento es muy distinto pero seguimos vinculados en profundidad a la posesión del cuerpo por algo extraño. La protagonista, interpretada por la popular Scarlett Johansonn en uno de los papeles más singulares de su carrera, se nos muestra a todas luces como una persona que toma el relevo respecto a otra que acaba de morir. Lo que al principio puede hacernos pensar en algún tipo de clonación, en un contexto para-científico, se va revelando como algo más complejo. Sea lo que sea aquello que usa del cuerpo de la protagonista, no es ni remotamente humano; se vale de su apariencia y el uso de cuatro palabras para parecer humana, del mismo modo que ciertos animales (en especial, depredadores) se hacen pasar por otros animales, minerales o vegetales para atraer la atención de sus presas. En It Follows, por último, nos encontramos con una joven protagonista que recibe una suerte de maldición tras practicar sexo con su novio, que le traspasa de forma consciente una extraña infección. Algo desconocido y terrible se instala en el interior de su cuerpo, algo indoloro, que no se siente como un huésped pero que actúa como una especie de marcador que atrae a un ser implacable, cuya única misión parece ser encontrar y destruir al infectado más reciente, en una espeluznante cadena de víctimas que tratan de deshacerse de su carga lo antes posible, buscando nuevos amantes a los que ceder tan insólito virus.

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Si los temas que predominan en los films de terror durante determinada época actúan como un barómetro de los terrores del subconsciente colectivo… ¿qué están poniendo de relieve estas recientes películas sobre invasores de cuerpos? Es cierto que ya en 1956 se estrenó Invasion of the Body Snatchers, que tuvo sus respectivos remakes en 1978 y en 2007, esta última bajo el título de Invasion, pero el enfoque era sustancialmente distinto. Hay algo en estas tres películas que te comento hoy que escarban más profundo y saca a la luz ciertos aspectos psicológicos que, a mi modo de ver, hablan mucho de los terrores de nuestra época. Hay algo sobre sentir que la última frontera, nuestro propio cuerpo, está siendo amenazada y violada una y otra vez por agentes invisibles. Está en nuestra comida, en forma de los OGM (organismos genéticamente modificados), en el agua, cada vez más escasa, embotellada y precintada; en los elementos contaminantes de la atmósfera, en las emanaciones invisibles y cancerígenas de los componentes plásticos de los juguetes de los niños… A un nivel todavía más profundo veo una preocupación patente por ser controlados de forma totalmente amoral, programados psicológicamente para nuestras rutinas para nada saludables, mediante los medios de comunicación, las decisiones políticas incómodas y condicionantes y la propia estructura socio-económica de nuestra civilización, que por un lado nos vende que somos libres y todo está a nuestros alcance y por otro nos impide acceder a lo más esencial: nuestra integridad y verdadera libertad como individuos. Las tres películas que comento inciden con fuerza en la idea de que algo nos vigila, algo maligno, amoral, con sus propios objetivos. Algo a quien no le importan para nada nuestros sentimientos ni nuestros intereses y que nos usará sin piedad para sus propios fines.

Resulta relevante también el detalle de que los tres personajes protagonistas de estas películas sean mujeres. No resulta para nada gratuita esa capa de aparente indefensión y aparente fragilidad femenina como punto de partida, que luego revela la fortaleza, la capacidad de aguante ante el dolor y la adversidad. Allí donde ellos perecen o sucumben, ellas, desde el arquetipo de la amante, la guerrera, la madre, la doncella y la diosa cumplen su papel sagrado, aguantando, liberando, sobreviviendo y alimentando.

El cine de zombies lleva explorando estas mismas fronteras de nuestra psique desde hace décadas, pero hay algo en esta nueva “infección” que toca teclas más agudas y afiladas. Al zombie le vemos venir, lo percibimos como una amenaza externa, muy similar a nosotros, pero exógena; se nos ofrece un espacio para la huida y la supervivencia, por muy desesperado que sea. En cambio, estos nuevos invasores de cuerpos ya habitan dentro de nosotros. Nuestro pánico proviene precisamente de tomar consciencia de esa horrible realidad, sabiendo que los tenemos dentro y que quieren usarnos para sus propios fines. Solo la muerte, de la conciencia, de la moral o del cuerpo, parece ser capaz de librarnos del Mal.

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