Takahata, el otro maestro de Estudio Ghibli (I)

Si formas parte del 95% de personas que descubrieron el maravilloso trabajo de Estudio Ghibli gracias a sus obras más populares, como La Princesa Mononoke, El Viaje de Chihiro o el Castillo Ambulante, has entrado al mejor estudio de animación del mundo por la puerta oficial, la puerta grande: la de Hayao Miyazaki. Las películas de este genio irrepetible han copado la mayoría de reconocimientos, se han hecho tan universales que han eclipsado casi por completo a los demás talentos de Ghibli. Pero, como sucede en cualquiera de los mágicos mundos recreados por el estudio nipón, existe otra puerta, menos conocida, tal vez para iniciados o que solo se descubre cuando miramos con otros ojos. Es la puerta de Isao Takahata, el otro maestro de la animación. Quiero dedicar este post a su figura por varias razones: por su dilatada trayectoria, que le ha permitido impactar en varias generaciones. Por su desbordante talento, que ha influido en profundidad en las bases de la animación y el cine en general. Y por su personalidad y convencimiento, que sin abandonar en ningún momento los máximos estándares de calidad, le ha mantenido fiel en una manera propia de entender y trascender los límites del arte del guión, producción y dirección de historias animadas.

A Isao Takahata, que nace en Ise (Japón) en 1935, algo le debían interesar ya las historias desde bien pequeño para acabar cursando literatura francesa en la universidad de Tokyo. Su interés por la animación despierta cuando ve un largometraje animado francés, Le Roi et l’oiseau (El rey y el ruiseñor) y queda impactado por las posibilidades del medio. Con ese nuevo objetivo en mente comienza a buscar trabajo y un amigo le comenta que en Toei Animation están buscando un ayudante de dirección.

Semillas: la etapa en Toei Animation
No sin pocas dificultades, Takahata consigue su primer puesto de relevancia en una empresa de animación y debió trabajar duro para reclamar las atenciones de Yasuo Ōtsuka, uno de los mentores de Miyakaki, que le permitió afrontar su primera película como director, Hols: El Príncipe del Sol. Por desgracia, el film resultó un fracaso comercial y eso le supuso cierto retroceso en las filas de Toei Animation.

takahata_hols_el_principe_sol_en_capricho_de_mamiferos

Esta fue una de las primeras veces en las que Takahata tuvo que lidiar con la dura realidad de no cumplir las expectativas comerciales de su estudio, pese a que su trabajo a nivel técnico y artístico era encomiable. Y no sería la última. En el contexto laboral japonés los fracasos son verdaderas losas con las que uno debe cargar y hacer penitencia. Por fortuna, Takahata tenía coraje, paciencia y fuerza de voluntad para sobreponerse a eso y a todo lo que le quedaba por venir, sin abandonar sus sueños y convicciones.

Brotes verdes: entre Shin-Ei Animation, Nippon Animation y Telecom
Takahaya abandona Toei Animation en 1971 y se involucra en nuevos proyectos para el estudio Shin-Ei Animation, donde trabajaría codo con codo con Miyazaki y otros artistas. Se les metió en la cabeza realizar una adaptación de Pippi Långstrump, obra que a también me resulta fascinante y a la que pienso dedicar un post en este blog en cuanto me sea posible. Bueno, a Suecia que se fueron a tentar a la autora de PippiAstrid Lindgren, para que les cediera los derechos. Al parecer, lo que les cedió fue un portazo en las narices. Una lástima, teniendo en cuenta lo que Takahata y Miyazaki podrían haber hecho con las peripecias de la pecosa y anarquista Pippi Calzaslargas. Descartada la idea, y ese mismo año, Takahata y su colega pusieron la mirada sobre la serie anime Lupin III, que ya había arrancado bajo la dirección de Masaaki Osumi, aunque no acababa de funcionar bien a nivel de audiencia. Takahata y Miyazaki remontaron la popularidad de la serie, pese a que ciertas condiciones contractuales les dejaron algo en la sombra en lo que a créditos se refiere.

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Todavía en 1971 Zuiyo Enterprise, que acabaría siendo la popular Nippon Animation propone a Takahata, Miyazaki y otros compañeros el desarrollo de Heidi, que estaba llamada a convertirse en una de las series animadas más relevantes de la historia y una rareza en el contexto cultural de su época, al tratarse de una propuesta reposada y dramática, en contraste con la tendencia al alza en series de acción y violencia. Takahata asumió la dirección y se ve a la legua que estaba en su salsa, con una historia a medida de sus gustos personales y cargada de elementos de su interés: la infancia, la naturaleza y la transformación personal. Tuve la suerte de disfrutar de Heidi cuando era pequeño; la recordaba con cariño y cierto desdén al mismo tiempo. Creo que ese desdén nacía de la incomodidad que me provocaban sus situaciones dramáticas, que le otorgaba una gravedad algo difícil de digerir para un niño, por no hablar de la presión cultural que suponía ver Heidi (y reconocerlo) siendo un niño. A día de hoy debo admitir que la niña de los Alpes sigue ocupando un lugar importante en mi memoria y estoy seguro que influyó profundamente en mis sentimientos de niño. Por este motivo, he re-visitado el anime en compañía de mis hijos, confirmando que se trata de una producción excelente en todos los sentidos, un ejemplo excepcional de cómo debe desarrollarse un guión y sus personajes, además de un verdadero manual sobre cómo serializar una historia larga. El hecho de que Heidi fuera disfrutada por igual por grandes y pequeños también dice mucho del talento con el que fue concebida.

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Puestos en materia, no es casualidad que mucha gente asocie de inmediato a Heidi con otra gran serie de la época: Marco. Tras el éxito de la niña de los Alpes, Takahata pasó a dirigir 3000 Leagues in Search of Mother, que se estrenó en 1976. Entre estos dos ambiciosos proyectos, y tal vez a modo de respiro, Isao Takahata dirigió otro film corto de animación, Panda! Go, Panda! escrito y realizado por Miyazaki; una obra menor en relación a las grandes de su carrera, apenas conocida en España, pero que influyó sobre futuras obras de Ghibli, como Mi Vecino Totoro.

Volviendo a Marco, a diferencia del proyecto de Heidi, que se había basado en una novela larga (en realidad dos, que se han acabado reuniendo en un tomo único), Marco partía de un relato corto, cosa que dejaba un gran espacio para la inventiva y los añadidos de Takahata. Ni corto ni perezoso sumó nuevos episodios y personajes al universo de la historia, así como un enfoque algo más maduro. Durante la concepción de Marco, Takahata y Miyazaki se distanciaron un poco. Miyazaki abandonó la serie debido a diferencias conceptuales con Takahata, y lo cierto es que se nota. Marco adolece de una animación de peor calidad según avanza la serie, pero eso no impidió que se convirtiera en un nuevo éxito internacional.

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Algo superado por su propio estilo de dirección y adaptación de historias, que alteraba de manera profunda las referencias originales, Takahata quiso que su siguiente proyecto se mantuviera fiel a la obra de referencia. Y para ello eligió Ana de las Tejas Verdes, la novela de Lucy Maud Montgomery, que volvió a contar con Miyazaki en el equipo de animación. Takahata consiguió resistirse (casi) del todo a alterar la novela, aunque no pudo evitar aportar más profundidad a una adaptación que acabó dividida en cincuenta episodios y que se emitió al completo en Fuji TV, desde enero a diciembre de 1979, de nuevo con tremendo éxito. La visión de Takahata de las peripecias infantiles de Anne Shirley son, sin duda, uno de los momentos más brillantes y divertidos de su trayectoria profesional.

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En 1981 y tras ciertas dudas iniciales, Takahata accede a abandonar Nippon Animation y pasa a las filas de Tokyo Movie Shinsha / Telecom Animación Film para dirigir una nueva serie de sesenta y cuatro episodios, desconocida en nuestro país: Jarinko Chie. Ambientada en Osaka e inspirada en un manga del mismo nombre, también dio lugar a un film dirigido por el propio Takahata. Poco después, en 1982, Takahata adapta y dirige para Oh, production! un nuevo film animado basado en una historia corta del autor japonés Kenji Miyazawa: Gauche the Cellist. Resulta sorprendente el ritmo de trabajo y la versatilidad de Takahata durante esta etapa, ya que nuestro protagonista seguía vinculado a Telecom que, por cierto, tenía previsto trasladarse a Estados Unidos. Para estimular una buena transición hacia el continente americano, Telecom volcó sus ambiciones en una obra popular de carácter más universal, que facilitara el encuentro con el público occidental. En 1982 se deciden por una adaptación de Little Nemo, bajo dirección de Takahata y con Miyazaki en el equipo de animación, cosa que pintaba pero que muy bien (casi tanto como la adaptación de Pippi). Pero, de nuevo, no pudo ser. Las diferencias técnicas y filosóficas entre el equipo de producción americano y el japonés resultaron insalvables y Takahata abandonó Telecom. Miyazaki, que había saltado del barco un poco antes, ya tenía otras cosas entre manos, así que cuando supo que Takahata volvía a estar disponible le propuso formar parte de un nuevo proyecto que revolucionaría la industria de la animación: Estudio Ghibli

En la segunda parte de este post te hablo de la etapa más brillante de Isao Takahata, en la que concibió, entre otras, obras maestras de la animación como La Tumba de las Luciérnagas, Recuerdos del Ayer o La Leyenda de la Princesa Kaguya.

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