Ragnarok, una pasión atávica

O debería decir, una obsesión… Le ponga el término que le ponga, la realidad es que algo caló hondo en mi corazoncito rolero, allá por 1992, cuando cayó en mis manos aquel juego de rol de presencia espectacular (en comparación con lo que se prodigaba en las estanterías del rol en castellano, que era bien poco) llamado Ragnarok.

Bajo el tagline de Juego de horror en el mundo contemporáneo, aquel juego publicado por Ludotecnia (un sello editorial que acabaría calándome igual de hondo) me abrió las puertas a nueva manera de jugar a rol. Apenas tenía 14 añitos cuando me hice con aquella bestia negra de la narración compartida, y eso significa que mi acercamiento a los juegos de rol había comenzado solo un año antes, tímidamente, con juegos como El Señor de los Anillos (edición de 1991) y Aquelarre (edición de 1992). Entiéndeme, estaba paladeando las maravillas de una nueva forma de juego literario, enmarcando mis aventuras en terrenos de la fantasía y las leyendas medievales… y de pronto va y aparece la primera edición de Ragnarok, un juego que me permitía explorar mi género favorito, el horror, desde un planteamiento sumamente contemporáneo y abierto.

Admito que en la pre-adolescencia un servidor sabía poco de las grandezas de Lovecraft, el oscurantismo feudal o las sutilezas de Tolkien. Había un poco de todo todo ello, a lo bruto, batallando por instalarse entre mis receptores culturales, pero nada excesivamente pautado. Lo que sí tenía eran muchas ganas de aventura y, especialmente, de pasar miedo y fascinarme con los misterios del otro lado. Y ahí es donde Ragnarok me mordió fuerte. Me ofreció un background que, pese a brindar su propia idiosincrasia, era suficientemente genérico como para dar cabida a los mitos y arquetipos del horror universal. No necesitaba casarme con nadie, ni revisar bibliografías de referencia para elaborar mis propias historias de miedo. Era suficiente con dejarme llevar por lo que me interesaba por aquel entonces, a nivel de cine, cómic o relatos de terror, y tirar de alguno de los hilos que los autores de Ludotecnia habían dejado sueltos en aquel background. 

Todo esto no significaba desprecio por mi parte hacia los que disfrutaban siendo fieles a universos profusamente predefinidos, como la Tierra Media o los Mitos de Chutulhu; bien al contrario, babeaba ante el detalle que algunos de mis amigos podían aplicar a sus sesiones de juego, invocando tal o cual referencia de su autor predilecto. Es innegable que aquello les confería una legitimidad extraordinaria. Cada una de aquellas sesiones parecían apadrinadas por el creador correspondiente de su universo; se sentía uno parte, apéndice, de un legado cultural más amplio. Como a las faldas, por poner otro ejemplo, del señor Lucas.

Yo, en fin, era incapaz de domesticar tanto mi creatividad. Tal vez fuera pura falta de sensibilidad o disciplina para concentrarme en marcos ambientales tan explícitos. De algún modo instintivo prefería la incertidumbre, la evocación y las insinuaciones veladas que proponía Ragnarok. Para mi, el juego de terror de Ludotecnia es ejemplo paradigmático de buen juego de rol, porque ofrecía suficiente estructura pero a la vez exigía que los jugadores creáramos el armazón.

ragnarok jdr

Lo mejor de todo es que, más allá de detalles anecdóticos y personales, creo le pasó algo parecido a miles de personas que se acercaron al juego. Como pasa con todos los verdaderos misterios, sabemos que de algún modo nos inquietan, pero no podemos explicar racionalmente los motivos. Simplemente, es así, por una suma de fenómenos y circunstancias, por la combinación de sus ingredientes (algunos, seguramente secretos) y por la energía que se respiraba en el momento de su publicación. Un verdadero enigma que convirtió a los seguidores del juego en una minoritaria legión, que aun recuerda con cariño y estremecimiento las sesiones al calor de su lumbre.

Veinte años después, muchas cosas han cambiado en mi vida, pero la conexión atávica con Ragnarok sigue vigente. Tanto, que hace un tiempo batallé, junto a mi camarada Jonathan Delgado de El Autómata, para conseguir la licencia del juego. No fue una decisión racional, por los mismos motivos que he comentado en líneas anteriores, pero respondía a una necesidad profunda de reencontrarme con todo lo que aquel manual despertó en mi. Tras unos primeros meses de euforia, en el que como Hombre quise doblegar a la Bestia, la realidad cósmica se impuso con toda su fuerza: la batalla no iba a ser sencilla. Como en los rituales de antaño, requeriría de importantes sacrificios y de mucha humildad ante las energías superiores que rigen el cosmos. Era un juego pero no una broma.

Hoy, tras algunos cambios importantes en el planteamiento inicial, el proyecto Ragnarok comienza a perfilarse en forma de un crowdfunding. Es una oportunidad clave para recibir el apoyo de los fans del juego, tanto a nivel económico como moral. Necesito saber que hay suficiente gente interesada en un nuevo Ragnarok, más allá de mis propias suposiciones y las sinceras muestras de soporte que recibo esporádicamente.

¿Qué ocurre si no lo consigo? Pues algo tan sencillo como el recogimiento. Optaré por guardar estas sensaciones, ideas y energía como un pequeño e íntimo tesoro personal; con suerte podré compartirlo con mis allegados. Y a otra cosa, mariposa, que uno tiene balas en la recámara.

Pero en caso de conseguirlo… a parte del chute de motivación que debe suponer, me veo afrontando el miedo más importante, y que tiene que ver con las reflexiones que hacía al principio del artículo: encontrar el equilibrio entre mi visión indómita del juego, profundamente personal, y el legado objetivo que las dos ediciones dejaron entre los aficionados. Sé que por mucho que me esfuerce nunca lloverá al gusto de todos, ni tampoco es mi intención escribir para complacer; pero todo el que escribe, mucho más si su intención es dar forma a una herramienta que otros van a usar para crear historias, desea emocionar, llegar al lector y ofrecerle una experiencia interesante. La consabida batalla entre el Bien y el Mal, el Caos y el Orden, lo Normal y lo Anormal. Tal y como el propio Dr. Merrick postuló al definir las sustancias en conflicto en el universo.

Sea como sea, voy a intentar disfrutar de este viaje a las profundidades, hasta donde sepa llegar. Que alguien me tire una cuerda si me alejo demasiado. 

ragnarokjdr

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. DAliciapekenIker dice:

    Siempre has de ser fiel a lo que te apasiona, así se logrará el mayor de los placeres y, en este caso, un producto BRUTAL!!!

    Suerte y para adelanteeeee!

  2. Muchas ganas de ver ese crowdfunding en la plataforma de turno y poder apoyarlo. Estoy seguro que el proyecto valdra la pena.

  3. Ojalá salga todo bien. Cuando salga el crowfunding, estaremos al pie del cañón.

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