Pe’ahi, la nueva psicofonía surf de The Raveonettes

No sé que modo de ecualización usar para escuchar Pe’ahi, el nuevo disco de The Raveonettes: pulso modo rock y suena poderoso y contundente; pulso electrónica y aparecen nuevos matices sedosos en los agudos; pulso hip-hop y los ritmos enloquecen; pulso amplificador de bajos e imagino a Sharin a mi lado, acariciando los trastes mientras su melena rubio platino oscila entre el humo… Uhmmm… Todas las opciones me gustan. En todos estos modos de sonido el disco suena diferente, pero siempre estupendo. Y es que Pe’ahi es un trabajo caleidoscópico y complejo. Mucho más de lo que nunca hubiera esperado de un disco del dúo danés.

Llegó por sorpresa, como un tsunami. Muy apropiado, tratándose de un disco que se rinde conceptualmente al surf, al menos en parte. Es la primera vez que The Raveonettes saca un disco por sorpresa, sin haber anunciado fecha ni apenas detalles sobre su contenido. En realidad, Pe’ahi es un disco repleto de primeras veces, muy arriesgado a varios niveles y, por suerte, tremendamente inspirado. Ya no se trata de hacer guiños a The Doors o The Everly Brothers, ahora toca seguir un camino igual de atrevido que el de estas bandas. The Raveonettes ya estableció las bases de su sonido desde Lust, Lust, Lust (2007) y lo que hicieron después fue variar las dosis de ciertos elementos (el noise, el pop, el rock, la oscuridad, la atmósfera, el jugueteo con lo vintage…), hasta que se han presentado con Pe’ahi bajo el brazo, un largo en el que no solo consolidan todo lo aprendido, sino que lo llevan hasta un nivel asombrosamente nuevo.

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Se nota a la legua que Sune ha tomado la batuta y que ha sacado las entrañas tras la muerte de su padre, que dio lugar durante la elaboración del disco. Es vox populi que Sune y su padre mantenían una relación complicada, debido a una mutua incomprensión y (según el propio Sune) a sucesos traumáticos durante su infancia. En todos sus discos se asoma siempre este tema, pero nunca lo había hecho con tanta rotundidad y alevosía como en éste. Bien parece que Sune se despoja de la mordaza y muerde, mastica y se relame. Temas como Endless Sleeper, Wake Me Up (en el que cobra especial sentido lo de la psicofonía del título, con voces aniñadas que se distorsionan incómodamente en el estribillo) o Kill son una purga explícita de ese dolor relacionado con su progenitor.

Pero, ¿qué hace tan diferente a Pe’ahi del resto de trabajos de The Raveonettes? Diría que casi todo. Más allá de sus voces y armonías, tan únicas y personales, y de su habitual propensión al ruido, las estructuras de las canciones poco tienen que ver con su habitual estrofa-estribillo-estrofa, al que nos tenían acostumbrados, y que habían reforzado en su anterior trabajo, Observator. Ahora nos encontramos con tracks realmente sofisticados, que incluyen variaciones muy sustanciales en la estructura. En algunos casos, en lugar de una canción da la sensación de estar escuchando dos o hasta tres temas diferentes, que han sido enlazados. Ciertos temas como Z-Boys, The Rains of May o Summer Ends son auténticos viajes, donde el sonido sufre lisérgicas metamorfosis, llevándonos a lugares muy diferentes del que empezamos. Teniendo en cuenta que la banda siempre ha tendido a la simplicidad en las estructuras, realmente nos encontramos con una experiencia totalmente nueva.

Sisters es, tal vez, el tema que más ejemplifica la voluntad surf del disco, y posiblemente fue lo que les llevó a usarlo como track de anticipo, apenas unos días antes de la salida a bocajarro del disco completo. Imposible no imaginar surfistas a cámara lenta sobre crestas de agua marina y espuma, bajo el ambarino sol del atardecer californiano.

Pe’ahi reserva un pequeño espacio para un par de temas con estructuras algo más clásicas y compactas, como es el caso de Killer In The Streets y A Hell Below, donde sí somos obsequiados con estrofas y estribillos en un orden algo más previsible. Aun así, brillan con una luz totalmente nueva (verde sucio) y exponen todo el talento adquirido en estos 10 años de carrera. Son el tipo de temas que un servidor quería escuchar después de su excitante EP Into The Night de 2012.

En términos generales, Sune está mucho más presente en este disco que en los anteriores. Sharin parece realmente una acompañante en este tortuoso y frenético proyecto. Pero basta con prestar atención a las líneas de bajo para darse cuenta de que sin ella desaparecería toda la sensualidad y el el salvajismo pulsante entre la marea de ruido, variaciones y efectos que supone Pe’ahi. El bajo me parece simplemente brutal en Killer in the Streets, Wake Me Up o Kill! Este último tema, por cierto, tiene todas las papeletas para convertirse en el digno rival de Aly Walk With Me, en los cierres de sus conciertos. Estoy deseando sentir toda esa radiación atravesando mi cuerpo cuando los altavoces suban al once.

Para acabar, y volviendo a la etiqueta de psicofonía surf con la que ilustraba el título, no puedo evitar señalar a When Night Is Almost Done como la más espléndida de las olas en las costas de Pe’ahi. Afortunadamente, no creo que ningún exorcista se atreva a surcar las olas para hacer frente a ese genial engendro, en parte nana, en parte Doo-wop, en parte rock ochentero. Mi nueva canción fetiche para las noches de insomnio.

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