Un Aquelarre para recuperar la fe

También podría haber titulado este post “Aquelarre, porque yo lo valgo”, pero me apetecía ponerme un poco más serio. La ocasión lo merece.

Hace apenas un par de semanas que me hice con un ejemplar de la nueva edición de Aquelarre, el juego de rol. La tercera edición. Teniendo en cuenta que poseeo las dos anteriores (en diferentes versiones), era un poco reacio a adquirir la nueva. Es cierto que Aquelarre fue uno de mis juegos de rol favoritos durante los 90, uno de los más jugados en mi círculo; pero llevo casi una década sin dirigir nada que tenga que ver con él. Los motivos son diversos, aunque creo que el principal es que las últimas ediciones me dejaron un poco aturdido. El juego se había convertido en una amalgama de conceptos que se alejaban de aquello que me había fascinado en su primera edición: su atavismo; su capacidad de conectar con esa poderosa energía que tienen nuestras leyendas y tradiciones peninsulares.

Ahora, veinte años después de aquella delgada edición de tapas azules, y tras vencer mi reticencia a invertir cincuenta euros más, me encuentro con un producto ante la que solo puedo aplaudir y quitarme el sombrero. Joder, hasta me siento orgulloso de que algo así se haya parido en los aledaños barcelonenses.

No es mi intención hacer una reseña completa, pero si destacar aquello que, como aficionado de la vieja guardia, más me complace de esta cuarta edición. Para empezar, y como suele ser habitual en los retoños de Ricarb Ibañez, Aquelarre es un libro en toda regla: de los que están bien escritos y son agradables de leer. Aquelarre siempre ha sabido combinar (al menos en la primera y en esta cuarta edición) la verosimilitud histórica, la atmósfera literaria y el humor de manera admirable. Se nota que la pluma pertenece a alguien que conoce y ama su oficio. En este nuevo Aquelarre, esto adquiere incluso una nueva dimensión, formando parte de la dirección artística general del libro, como podemos ver en el tratamiento de las entradillas, en el evocador uso de los términos en latín y en los ejemplos, verdaderos bocados novelescos que nos trasladan con facilidad a la propuesta conceptual del juego.

A nivel de diseño nos encontramos con el mejor trabajo editorial de Nosolorol, a años luz de cualquier otro de sus juegos. La maquetación es excelente, los materiales aportan el prestigio necesario y, por fin, hay un tratamiento en las ilustraciones que aporta valor ambiental y refuerza el conjunto. Siendo crítico, creo que tal vez se han pasado un poco. El resultado es excelente, pero eso comporta un precio muy alto. Un interior a dos tintas, y una versión más condensada de los contenidos –dejando parte de los mismos para futuros suplementos– hubieran dado lugar a una versión más competitiva en el mercado. Pero es muy posible que el objetivo no fuera competir, sino directamente salir a ganar. Yo no he podido resistirme, pero me gustaría saber cuantos jugadores/as noveles, de nueva generación, pueden permitirse pagar lo que vale esta edición, o superen la impresión de tener que enfrentarse a un manual que supera en grosor a las Páginas Blancas.

Los contenidos son los que cualquier aficionado a Aquelarre podía esperar: una revisión de las reglas y un background compuesto por el grueso de materiales que el juego ha acumulado a lo largo de sus dos decadas de vida. Imposible imaginarlo más completo en cada uno de sus niveles: trasfondo histórico y mitológico.

Suelo decir, a menudo, que los juegos de rol me han enseñado mucho más sobre historia, lenguaje y literatura que la propia escuela. Aquelarre es precisamente uno de los libros que me ayudan a demostrarlo: mediante el uso de la ficción, despertando el interés por una etapa de la historia que Ricard conoce mil veces mejor que la mayoría de docentes que pueblan las aulas, tenemos la oportunidad de conocer mucho mejor la realidad de los siglos XIV y XV, no solo en la península, sino en toda la cuenca mediterránea.

Sea como fuere, depare lo que depare el futuro a este proyecto editorial, el nuevo Aquelarre es un regalo para los sentidos.

Aquelarre es un juego escrito por Antonio Polo y Ricard Ibáñez e ilustrado por Jaime García Mendoza.
La edición tiene 536 páginas a todo color, encuadernación en cartoné de lomo redondo, con cinta de registro.

Más información en la web de Nosolorol.

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