Nita, cuando una mujer pone el Priorato del revés

Antes de Nita no habría podido compartir el placer de un Priorato con mi pareja. Aunque ella es una gran interesada en el vino, solemos decantarnos rápidamente por los blancos, o los tintos ligeros. Tal vez sea por nuestra dieta, que marida poco con los grandes caldos negros, o porque en el blanco encontramos lo que más disfrutamos del vino, lo cierto es que si llega un tinto a nuestra mesa (compartida) es porque es algo especial.

Hay varios motivos que despertaron mi curiosidad por Nita. El primero es que me lo recomendaron en un libro de alguien a quien tengo en estima como prescriptor; otro, que se trataba de un Priorato que, sin tener un precio de susto se las prometía interesante; el más importante, no obstante, fue leer que era de Gratallops, una zona a la que me une un gran vínculo sentimental. Cuando aun me preguntaba por qué carajo los adultos hacían kilómetros para ir a comprar vino, solía acompañar a mi abuelo a ese pueblo para que abasteciera a la familia de algunos barriletes y garrafas de aquel líquido oscuro, denso y áspero.

El párrafo anterior deja muy claro que mis expectativas eran altas. Con este deseo expresar mi admiración por el trabajo de Meritxell Palleja. El resultado es un vino sorprendente que se desmarca de aquello que solemos asociar con su denominación. Las dos botellas que nos hemos endiñado han acompañado en ambos casos a un asado y a una tabla de quesos, y ha sabido jugar con ellos como una campeona, ampliando la experiencia.

OJO: Precioso color rubí, de oscuridad intensa y viva.

NARIZ: Cuando se abre nos brinda unos aromas florales (incluso balsámicos) poco habituales en un Priorato. Le cuesta expresarse, necesita su tiempo. Pero si sigues disfrutando con tu nariz durante un rato acabas por descubrirle esa grandeza inconfundible de las frutas maduras, incluso el chocolate.

BOCA: Seguimos creciendo. Guau… La carnosa fruta roja, más fresca que madura, va dejando paso a lo que la nariz nos había advertido: chocolate, café, notas torrefactas. Y todo eso sin perder, de fondo, la mineralidad tan característica de un Priorato. Desde luego es el punto que creo que puede enamorar o defraudar, según lo que esperes de la botella. Si has comprado Nita buscando esa aspereza de la pizarra y la contundencia  de un Priorato “habitual”, te puede dejar con las ganas. Si pretendías que este vino te mostrara nuevos senderos a través de los escarpados paisajes sensoriales de esta región, habrás dado en el clavo.

www.nita.cat

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Sara dice:

    Parece que se está convirtiendo en un vino para momentos muy especiales….

    1. Kandy dice:

      Yo creo que cuando estais los dos juntos siempre se transforman en momentos especiales. Sólo hay que miraros para ver lo mucho que os quereis!!!!
      Muak

  2. Kandy dice:

    Guau!!! Pues a ver si compartimos momentos todos juntos y nos enseña a disfrutar de los placeres del vino!!! La verdad es que contigo el vino adquiere otro sentido.
    Sigue compartiendo con nosotros!!!!!

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